Día Internacional de una Celebración Cualquiera

Día Internacional de una Celebración Cualquiera

1. Tu risa es la magia de los rocanroles

“El término efemérides, también llamado efeméride o efemeris, proviene del griego ἐφήμερος, ephemeros, que significa diario, y en latín, ephemèris, que significa calendario. En astronomía, es una guía o tabla de valores que da las posiciones de los objetos astronómicos en el cielo en un momento o momentos dados…La palabra efímero/a, que significa que dura un día, tiene la misma etimología.

Una efeméride es un hecho relevante escrito para ser recordado o conmemorado, celebrado en un determinado día, y también es una sucesión cronológica de fechas con sus respectivos acontecimientos. Las efemérides se clasifican de diferentes maneras, por ejemplo, históricas, hagiográficas o vexilológicas.

Existen las efemérides astronómicas y también las efemérides monárquicas. Estos son términos usados por los magos, astrónomos, astrólogos y monarcas para anunciar tanto algunos acontecimientos celestiales, como eclipses, cometas, como para ver la posición de los astros para realizar firmas y tratados imperiales de acuerdo con la posición de los astros, planetas, satélites, cometas y asteroides, en un determinado día” (https://www.significados.com)”.

Siempre que puedo y que las ganas me asisten, reviso algunas efemérides, incluso, huelga decir, unas monárquicas (fundamentales -éstas- si no queremos equivocarnos a la hora de firmar un contrato o adquirir un nuevo antojo techie). Como quien no imagina las historias que se cuentan en torno a la breve existencia de fechas tales, me aproximo a la enumeración exhaustiva de las mismas con la infantil ocurrencia de buscar alguna faltante.
Sin embargo, de esto último hablaremos en unos instantes. Porque, a fin de cuentas, querría reponer el costado mítico de aquella palabra heredada de tiempos inmemoriales que está en la raíz de toda efeméride. Puesto que, como habrán observado en la cita precedente, la palabra en cuestión tiene asociada otra de uso, valga la redundancia, cotidiano: “efímero”. Si quisiéramos saltarnos la explicación, el mote de efímeros/as viene a ser una suerte de insulto para esta raza bipedestante y anhelante que somos. Quienes transitamos el mundo sublunar somos objeto del escarnio de quienes gozan de un lugar en el Olimpo o de quienes viven en el corazón de alguno/a de sus habitantes:

“Dice una vieja leyenda que durante mucho tiempo el rey Midas había perseguido en el bosque al sabio Sileno, acompañante de Dioniso, sin poderlo atrapar. Cuando por fin cayó en sus manos, el rey pregunta qué es para el ser humano lo mejor y más ventajoso de todo.  Rígido e inmóvil el daimon guarda silencio; hasta que, obligado por el rey, acaba prorrumpiendo en estas palabras, en medio de una risa estridente: «Miserable especie de un día, hijos del azar y del cansancio, ¿por qué me obligas a decirte lo que para tí sería muy provechoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para tí: no haber nacido, no ser, ser nada.  Y lo mejor en segundo lugar es para tí – morir pronto» (Nietzsche, El nacimiento de la tragedia /GT, § 3, p.  345-346)”.

El señor de la risa estridente no es exactamente un señor si no un sátiro del cortejo de Dioniso, el dios del vino, las fiestas, la locura, el desenfreno. Es Sileno, coreuta trágico, quien le devuelve un golpe irrisorio a la insistencia del rey de los epi (alrededor de) hemera (día): de quienes viven fugazmente, de lo que apenas supera la medida de un día.

El desborde, el caos, en definitiva, los extremos dionisíacos, es probable que no sean otra cosa que la línea de fuga de estos/as efímeros/as mientras la noche se les anuncia sobre el fondo amable de un atardecer. No por durar tan poco, no por sabernos apenas un granito de arena en el mar de los tiempos, se nos puede negar la dicha de una celebración que no oculta aquello de andar umbríos/as por la pena. Por lo demás -y arriesgando una interpretación voraz y veloz como el día que se escurre entre las teclas de la computadora-, la risa de Sileno tal vez sea una risa de envidia: ¿quién puede gozar de la fiesta sino quien sabe que puede no haber otra? La magia de lo efímero reside en que se disfruta del instante en la medida en que se agota, no porque se perpetúa. Toda inmortalidad, sospecho, es condición de posibilidad de aburrimiento, hastío y bronca. Los cuernos del sátiro reflejan el humor taciturno de los/as que no tendrán días como medida de tiempo: el cortejo dionisíaco es trágico porque no hay allí un alma que se juegue su temporalidad en esa fiesta ni en ninguna otra. Midas será torpe, terminará balbuceando pepitas de oro, pero al menos es rey de unos/as cuantos/as efímeros/as que tendrán que terminar con el exceso o el exceso se los terminará llevando consigo. Este cálculo existencial es solo un arreglo personal de quienes tenemos fecha de caducidad. Caducidad que le hacemos decir a Borges en su poema La Recoleta, solo existe en lo único que existe: la vida. (“El espacio y el tiempo son formas suyas, /son instrumentos mágicos del alma, /y cuando ésta se apague, /se apagarán con ella el espacio, el tiempo y la muerte, /como al cesar la luz/caduca el simulacro de los espejos/que ya la tarde fue apagando”).

2. Ya quisiera yo verte reír

Si acaso Sileno hubiera compartido tiempo con nosotros/as, bien podría ser un rock star, o mejor, un punk a lo Johnny Rotten o Joey Ramone. Un desparpajo con guitarras mal sonantes y mucho, mucho caos en las venas. Probablemente, un grupo punk sea lo más parecido a un coro de sátiros que se llevan en andas a Dioniso mientras bardean efímeros/as a troche y moche (expresión que, como saben, parece que terminó siendo una traducción de la canción de los Beatles, “Helter Skelter”. Aunque, como entenderán, eso es tema para otra ocasión).

Ahora sí, retomando el hilo inconsiderado del comienzo, todo esto tenía que ver con una preocupación que suele perseguirme cuando, cual Sileno, no tengo más que aburrimiento a la vista. La cuestión es que el aburrimiento en mí produce urgencia de orden. Y entre las cosas para ordenar, están las efemérides del mes: ¿no se habrán olvidado de algún día internacional de algo? ¿no se les habrá pasado el nacimiento de una celebridad cuya sucesión de gloriosos días nos trajo hasta aquí? Lo interesante del caso es que no tengo a quién decirle que recuerde -u olvide, ¿por qué no? – alguna fecha relevante.  Tendría que existir un comité internacional para la proclamación de efemérides (CIPE): ¿es que acaso da igual el Día del Ahorro de Energía que el Día del Orgullo Pagano? ¿se puede sobrevivir a la interminable lista de fechas que resguardan días festivos a cosas tales como…

Marzo:
9 – Día del Teléfono Fijo
9 – Día del Pasaporte      
9 – Día de los Dientes Falsos
Abril
2.- Día de Diversión en el Trabajo
2 – Día de Encontrar un Arcoiris
2 – Día de Decir una Mentira
Julio
14 – Día del Pandemonio
14 – Día del Amazon Prime
14 – Día Mundial de Andar en Desnudo
15 – Día de Regalar Algo
Septiembre
26 – Día Internacional del Conejo
26 – Día del Flechazo o Crush Day
27 – Día Sin Excusas
29 – Día Mundial de los Gansos??

¡Así no se puede! ¿El 4 de febrero es el Día del Orgullo Zombie? Sí, ¿por qué no? Si para eso estamos vivos/as, para malgastar días que no tenemos. A este ritmo, no solo seremos el hazmerreír del punki Sileno, sino también de cualquier zombie a quien osemos festejarle el día ofreciéndole un protagónico en esa serie que tiene tantas temporadas que parece que empezó a filmarse en el taller de los hermanos Lumière.

Tanto derroche efemérico se me muestra insano: el chiste de cualquier festejo es que sea el exceso de algo. Exceso de todo no es exceso de nada. Resulta que si nos pasamos repartiendo efemérides a troche y moche (je, me gustó la expresión) entonces el efecto final es una vida apolínea: un orden perfecto hecho de sucesivos desórdenes incorregibles. Y de nuevo, transformar permanentemente el caos en un orden implica todo lo contrario de tener una vida. Celebre, claro, pero no exagere. Que hasta donde tenemos idea, nadie vive para siempre.

Por eso es que postulo mi candidatura a presidenta del CIPE, porque no se puede multiplicar las entidades como si no hubiera existido Ockham y su famosa navaja (-¡que no, que no se llama Pedro y que no es una canción de Rubén Blades!-). Propongo, ya que estamos en campaña, suprimir todos los días excedentes del calendario de efemérides y sustituirlo por uno solito: “Día Internacional de una Celebración Cualquiera”.

-¿Quiere usted llevarle frutas a un zombie?, vaya nomás.
-¿Quiere festejarle el día a Barbie y a sus accesorios rosa chicle?, tiene la juguetería a dos cuadras.
-¿Querrías celebrar que la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida?, no lo dudes.

En un mundo donde nuestra capacidad genuina de elección suele reducirse a seleccionar un par de zapatos, no me parece una mala idea que nos tomemos cada quien el mismo día, aunque para un festejo diferente. Es posible que no coincidamos con nadie, pero… ¿quién nos quita el desorden conquistado?

Quien ríe último, ríe mejor, dicen por ahí, estimado Sileno. Ya quisieras vernos reír, ya quisieras.



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